La
Muerte
El niño no quería irse.
Le tocó a la institutriz tirar de él.
La dueña de la casa sonrió a los que
estaban más cerca.
- Pobrecillo - dijo alguien a su lado.
- Tan pequeño y huérfano – le contestó
otra persona.
- ¿Quieres decir que pasaba mucho tiempo
con él?
- No, pero…
- Ya conocías a Héctor.
- Si, claro.
- Fíjate en Luisa.
-Un témpano.
- Bueno, tampoco es de las que sacan a
relucir sus emociones.
- Hombre, pero una lágrima…
- Cállate, que nos van a oír.
Él aguardó una nueva oportunidad.
Siguió de cerca a la dueña de la casa,
tratando de no perderla de vista, pero sin aproximarse demasiado para que no le
localizara antes de hora. Su maldito cabello rubio era igual que una antorcha.
Las dos únicas mujeres jóvenes que había visto hasta el momento, de unos
veinticuatro o veinticinco años, se lo quedaron mirando sin apenas disimulo.
No se despidió.
No estaba allí para eso.
La viuda del muerto continuaba
ejerciendo de anfitriona, regalando palabras sueltas y sonrisas aquí y allá o
devolviendo condolencias. Se movía con soltura, como pez en el agua. A fin de cuentas,
un entierro no se diferenciaba mucho de una fiesta. Había gente.
Y ella era la reina.
Mientras la seguía apareció más y más
los detalles de la casa, los cuadros, los muebles, los objetos, la calidad y el
valor del dinero bien empleado.
Dinero generoso y sobrado.
La mujer pareció quedarse de nuevo sola.
Se internó por el pasillo.
Él, tras ella.
La vio meterse en la cocina justo cuando
alguien le decía:
- Deberías descansar.
- Gracias.
- Has de estar agotada.
- No te preocupes.
Continuó su marcha y la que acababa de
hablarle pasó por su lado.
Decidió esperarla.
Un minuto, dos.
De pronto la puerta de la cocina se
abrió y ella apareció en el quicio.
Se lo encontró de cara.
- Hola – la saludó él.
- Hola – vaciló la viuda.
- ¿Puedo hablar con usted?
La vacilación se acentuó al finalizar el
ceño.
- ¿Ahora?
- Sí, es importante.
- ¿Importante para quién?
- Para los dos.
- ¿Quién ere?
- Es lo que trato de decirte.
- No entiendo.
- Por favor…
El diálogo había sido rápido, directo,
casi inquisitivo. La mujer no se dejó intimidar. Recobró la dignidad, enderezó
la espalda, le miró como una diosa mira a un ratón y se dispuso a seguir su
camino.
- Tendrá que ser más tarde, o mejor
mañana, sea lo que sea – se despidió de él.
- Señora – la detuvo interponiéndose en
su paso -, ni siquiera sé por qué estoy aquí. No me lo ponga más difícil, por
favor…
El tono implorante, acentuado por el
matiz de la súplica y la emotiva carga de los ojos, abrumados por el dolor,
hicieron mella en la dueña de la casa.
Solo mella.
- Pero ¿de qué va esto? – quiso saber.
La miró de frente.
Sus ojos brillaban como si fuera a
llorar.
- Ese hombre… - movió la cabeza como si
quisiera señalar hacia atrás -, su marido… Era mi padre.
Zigzag (pág. 14 – 17)
La
muerte, cuya es ese miedo que mucha gente tiene, yo también me incluyo porque
la muerte es uno de mis mayores miedos, es el tema fundamental de este libro.
La
muerte nos da tanto miedo creo yo porque nos lleva a algo que nadie sabe que va
a pasar, que va a ser de nosotros, si vamos a poder ver o estar con tus seres
queridos una vez que los dos seáis elegidos por la muerte, si nos volvemos a
convertir en otras personas o en otros seres vivos y olvidemos todo lo de
nuestra vida anterior, si la reencarnación es real, si es verdad ese dicho de
que las personas muertas que no son destinadas al infierno pueden ver a los
seres vivos desde el cielo, etc. En fin, la palabra
muerte nos lleva a muchas conclusiones, a muchos razonamientos y a tantos
pensamientos que hasta que lo vives no vas a liberarte nunca de esas dudas.
Yo
creo que lo mejor que debemos hacer es no pensar en ello y disfrutar de la
vida, porque vida solo hay una y esa vida nunca va a ser interminable porque
vas a llegar a un punto en el que tu cuerpo ya no va a poder más y se va a ir
apagando poco a poco y cuando se apague del todo y tu no te vas a enterar.
Otro
problema que la muerte nos da, es esa tristeza, esa angustia, esos malos
momentos y esos malos sentimientos que nos transmiten cuando alguien cercano
muere. Pero eso la gente le tiene tanto respeto y miedo tanto a la palabra
muerte como a la muerte, porque lo único que nos trasmite es lo peor que te
puede pasar y por eso te transmite esas sensaciones, esos pensamientos, esos
malos tragos y esos miedos.
Libro: “Zigzag”
Autoría: Jordi Sierra i Fabra
Editorial: Loqueleo
Año de publicación y lugar: 2014 en Madrid
Edición: 2 ediciones
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